
El mirlo cruza los caminos en otoño. Aparece de improviso. Negruzco y veloz, esquiva los limoneros, los naranjos...los frutales a punto de perder las hojas del verano, al anochecer.
Lanza un canto entrecortado y chirriante. Así hará, también, durante los meses oscuros del invierno. Sólo cuando todo deje de morir, allá por el mes de febrero, tomará su flauta elegante, pico de azafrán, y nos complacerá durante las primeras siestas primaverales.
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