domingo, 24 de abril de 2011

Azorín en Santa Ana



Hace dos días que estoy en este convento de Santa Ana. Está rodeado de extensos pinares; los frailes son buenos; se respira un dulce sosiego. Yo no hago nada; apenas escribo de cuando en cuando seis u ocho cuartillas...

...Uno de estos religiosos para mí es más moral que el dueño de una fábrica de jabón o de peines; es decir, que su vida, esta vida ignorada y silenciosa, deja más honda huella en la humanidad que el fabricante de tal o cual artículo...

...Yo soy un rebelde de mí mismo; en mí hay dos hombres. Hay el hombre-voluntad, casi muerto, casi deshecho por una larga educación en un colegio clerical, seis, ocho, diez años de encierro, de comprensión de la espontaneidad, de contrariación de todo lo natural y fecundo. Hay, aparte de éste, el segundo hombre, el hombre-reflexión, nacido, alentado en copiosas lecturas, en largas soledades, en minuciosos autoanálisis. El que domina en mí, por desgracia, es el hombre-reflexión...

...Al llegar aquí oigo tocar la campana que llama a coro. Voy un rato a oír las tristes salmodias de estos buenos frailes...


Azorín

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